Juan Páez
Esta vez, pasaporte y visa en mano, nos vamos de viaje a los Estados Unidos para visitar a la cantante y escritora Patti Smith. Ella nos guiará por los pasillos de la memoria para conocer, a través de su voz y escritura, a Robert Mapplethorpe, uno de los fotógrafos más importante del arte contemporáneo.
Perfiles
Patti Smith nació en Chicago. Durante los años ‘60 se mudó a Nueva York donde, mientras trabajaba en una librería, conoció a Mapplethorpe. Luego de una breve estadía en París, la escritora regresó a Nueva York y empezó a frecuentar los clubs de moda de aquel entonces. En los años ´70, creó su propia banda de música y publicó su primer álbum, titulado Horses. Su obra gráfica, que incluye esencialmente dibujos y fotografías, se ha expuesto en las mejores galerías de Estados Unidos y Europa. Entre sus libros, se destacan M train, Tejiendo sueños, El mar de coral y Éramos unos niños.
Robert Mapplethorpe nació en Nueva York y la revista Vogue lo describió como uno de los artistas más influyentes del siglo XX, al sostener que se trata del «fotógrafo –poeta para muchos– del cuerpo por excelencia». Como señalamos, ambos se conocieron en el Nueva York de los años ´60 y fueron amigos entrañables. Eran dos jóvenes visionarios sueltos en la gran ciudad. Sobrevivieron durante años en una pequeña habitación del hotel Chelsea donde tomaron contacto con grandes personalidades de la época. Robert descubrió la fotografía con una pequeña cámara Polaroid. Su obra se expuso, desde mediados de los años ´70, en los principales museos y centros de arte de todo el mundo.
Era un amante del cuerpo y el escándalo siempre acompañó su carrera. Las referencias sexuales explícitas, las alusiones a la homosexualidad y al sadomasoquismo sabían despertar la indignación del sector conservador estadounidense. Sus imágenes en blanco y negro adquirieron cuotas de una belleza ausente desde la Antigua Grecia.
El mar de coral
Publicado por la editorial Lumen en 2012 (la primera edición es de 1996), El mar de coral es una fotografía escrituraria o bien un retrato hecho con palabras que la cantante nos acerca para evocar la figura de su íntimo amigo. The Coral Sea –título original del volumen- navega entre la prosa y la poesía, y brinda no solo un panorama del talento que Smith posee como escritora, sino también un libro que tiene los matices de una plegaria. En estas páginas, la palabra entra en diálogo con la imagen y constituye un viaje por la vida, la obra, la enfermedad y la muerte de Mapplethorpe.
La obra está dividida en cuatro partes: Flores, El mar de coral, El viaje y Letanía. En la introducción, la autora expresa que antes de que Robert muriera, ella le preguntó cómo es que podría serle útil, y él le pidió que escribiera el prólogo para el libro Flores. Además, le preguntó si ella escribiría la historia que compartieron, pues sabía que la tenía grababa en la memoria.
Y así fue. La cantante escribió La última flor para el último libro de fotografías de Robert, publicado a color. También compuso el poema Reflejos de Robert para un libro conmemorativo titulado Mirrors. Compartimos los versos finales: «Cantará sobre el cuerpo, su verdad/ expandirá el brillante mástil/ tocará aires para nuestro deleite/sobre el declive/ el apogeo/ la farsa violenta/ ¿pero quién cantará sobre él?/ ¿quién cantará sobre su beatitud?/ el ojo sin culpa, la sonrisa radiante/ pues él, su propio mensajero, se ha ido/ ha atravesado el espejo de Orfeo/ para vagar eternamente/ en busca de la perfección/ con estrellas tatuadas en sus azules tobillos» (p.17).
En suma, se trata de un libro precioso en el que Smith, al igual que sus publicaciones anteriores, logra un tono que borra los límites establecidos entre la prosa y la poesía. Es por eso que, cuando la leemos, descubrimos esa voz asirenada que nos envuelve. Una voz oratoria que homenajea la amistad que compartieron y que trasciende los límites entre la vida y la muerte.
Bonus track
En la contratapa del volumen, Smith señala: «Justo antes de morir, Robert me preguntó si algún día contaría la historia de nuestra relación. Me llevó años decidirme, y finalmente publiqué Éramos unos niños. Antes, escribí El mar de coral, un viaje a través del dolor, y allí puse todo lo que sabía de él, concentrándolo en este libro de poemas en prosa que hablan de su amor por el arte y del cariño que me tenía. También, y sobre todo, quise transmitir sus ganas de vivir, que nadie pudo arrebatarle, ni siquiera la muerte.»